Propuesta Navideña
para el Nuevo Congreso
Aclaro que no soy diputado testimonial ni de los otros, ni senador, ni puntero, ni piquetero, ni de derecha, ni de izquierda, ni zurdo, ni progre, ni setentista. No pertenezco a la mesa de enlace o desenlace, ni a la de encuentro o desencuentro, ni a la de consenso o de disenso, ni a ninguna corporación mediática; ni, ni, ni… En todo caso soy “cenador” y miembro de la “mesa cotidiana”, porque puedo cenar y comer todos los días, como también soy ciudadano argentino desde que nací.
Con estos títulos quiero compartir con ustedes, señores legisladores, la sentida preocupación manifestada en sus discursos de campaña, por el bienestar de nuestro pueblo, en vísperas del Bicentenario como Nación libre, independiente y soberana. Es loable el desvelo manifestado ante la desnutrición, la pobreza y la inseguridad. Más aún el compromiso por preservar los recursos naturales y defender los bienes esenciales para una subsistencia digna: el agua potable, la salud y la educación para todos; por promover la cultura y las fuentes de trabajo; por combatir el fraude, la mentira institucionalizada, la violencia y la corrupción, etc.
También están preocupados por el costo de la canasta familiar y porque la Navidad, ya próxima, sea motivo de fiesta donde nadie quede excluido de la mesa hogareña. Supongo que mientras forman la composición del nuevo Congreso, que imagino será de armonía, diálogo y consenso, no habrá tiempo suficiente para diseñar políticas inmediatas, aun cuando podrían apelar a un DNyU, si no tuviera tan mala prensa, porque no siempre fueron de necesidad y de urgencia reales.
Sin embargo, para darles una manito, como respuesta a sus preocupaciones, los invito a considerar, debatir y votar responsablemente este verdadero D.N.y.U. en contraposición a los que constituyeron una vieja práctica política abusiva y sospechosa, propensa a la corrupción, al fraude y al enriquecimiento ilícito.
Los “cenadores” y miembros de la “mesa cotidiana”, asambleístas de la solidaridad y del bien común, proponemos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad los siguientes
Decretos de Navidad
1- Queda decretado que en esta Navidad, en vez de dar regalos, nos haremos presentes junto a los pobres, los necesitados y los excluidos. Papá Noel será ignorado, y selladas las chimeneas, abriremos corazones y puertas a la llegada salvadora del Niño Jesús.
2- Por traerles a muchos, más dolores que alegrías, queda decretado que Navidad no nos transformará en lo que no somos: en este verano tórrido arrancaremos del árbol de Navidad todos los algodones de falsas nieves; cambiaremos las nueces y las castañas por frutas de estación; los renos y trineos por carritos repletos de alimentos no perecederos; y si aparece por ahí algún Papá Noel, que venga en bermudas y sandalias.
3- Queda decretado que los niños de familias con más recursos económicos, en vez de juguetes y regalos caros, pedirán bendiciones y gracias, abriendo sus corazones para destinar a los más carentes todo lo superfluo que llena los armarios y cajones. Lo que le sobra a uno es la necesidad de otro, y quien reparte bienes comparte a Dios.
4- Queda decretado que, al menos un día, desenchufaremos toda la parafernalia electrónica y, recogidos en soledad, haremos un viaje al interior de nuestro espíritu, allí donde habita Aquel que da fundamento a nuestra verdadera identidad. Entregados a la meditación, cerraremos los ojos para ver mejor.
5- Queda decretado que las familias harán al menos un momento de oración, leerán un texto bíblico, agradecerán al Padre de Amor el don de la vida, las alegrías del año que termina e incluso los dolores que nos conmueven sin poder entender sus razones. La vida es un río que sabe ir al mar como destino, pero que no conoce cuántas dificultades, obstáculos y piedras habrá de encontrar en su transcurso.
6- Queda decretado que arrancaremos la espada de la mano de Herodes y ningún niño será condenado ya al trabajo precoz, ni violado, golpeado o amenazado. Todos tendrán derecho a la ternura y a la alegría, a la salud y a la escuela, al pan y a la paz, al sueño y a la belleza. El Niño del pesebre vino para todos, sin distinción, y no se puede rezar el Padrenuestro si el pan, en vez de ser nuestro, queda como privilegio de una minoría opulenta, egoísta y ambiciosa.
7- Queda decretado que las mesas de Navidad estarán cubiertas de afecto y, dispuestos a renacer con el Niño, tratando de sepultar rencores, envidias, amarguras y ambiciones desmedidas, para que nuestro corazón sea acogedor como el pesebre de Belén.
8- Queda decretado que no se crearán casas de juegos de azar, casinos, bingos, tragamonedas, que sólo sirven para aumentar el ingente patrimonio de unos pocos inescrupulosos, a costa de falsas ilusiones, desesperanza y tragedia de ingenuos consumidores.
9- Queda decretado que, al igual que los reyes magos, todos daremos un voto de confianza a la estrella para que ella conduzca nuestro país y la humanidad hacia días mejores. No buscaremos nuestro propio interés sino el de la mayoría, sobre todo de los que, a semejanza de José y María, fueron excluidos de la ciudad y, como una familia sin tierra, obligados a ocupar un predio, en el que brilló la esperanza.
10- Queda comprobado que “Dios es Amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1ªJuan).
Comparto en todo el contenido de estos “decretos” que considero de verdadera necesidad y urgencia.
Cordialmente y con augurios de una Navidad solidaria y en paz.
p. Julio Cura
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